Ogros Devoradores de hombres.
Los ogros son familia de los gigantes, aunque de menor talla. Miden entre dos y cuatro metros y alguno puede superar incluso los cinco metros. Tienen una fuerza enorme, el cuello muy grueso y una gran musculatura. En general, sus rostros son brutales.
Como otros seres perversos, tienen orejas puntiagudas, y por sus bocas asoman colmillos. Tienen hocico y ojos como lo s de un jabalí. Los ogros de Japón incluso tienen cuernos y, a veces, tres ojos en la cara, y las manos y los pies con sólo tres dedos. Todos los ogros del mundo tienen el sentido del olfato muy desarrollado, para poder detectar a sus presas: ¡los humanos!.
Como otros seres perversos, tienen orejas puntiagudas, y por sus bocas asoman colmillos. Tienen hocico y ojos como lo s de un jabalí. Los ogros de Japón incluso tienen cuernos y, a veces, tres ojos en la cara, y las manos y los pies con sólo tres dedos. Todos los ogros del mundo tienen el sentido del olfato muy desarrollado, para poder detectar a sus presas: ¡los humanos!.
Viven casi siempre en cuevas, pero también pueden instalarse en castillos, sobre todo después de haberlos saqueado y haber dado muerte a sus habitantes. A veces, cuando no tienen nada de nada para comer, se ven obligados a soportar largos períodos son probar bocado alguno, lo que hace que manifiesten su furia con frecuencia. También por eso tienen que idear trucos para atraer a los niños y a las niñas, por ejemplo construyendo cosas de golosinas. Si un niño ve algún día una casa hecha de caramelo, lo mejor que puede hacer es alejarse enseguida, a monos que quiera acabar siendo la cena de un ogro.
Los ogros también utilizan ciertos objetos mágicos. Por ejemplo, en un cuento clásico un ogro tenía unas botas mágicas que podían adaptarse al pie de cualquiera que se las pusiera, y con ellas se podían caminar hasta siete leguas de un solo paso.
Una narración hindú contaba que la muerte y desaparición de los ogros de la faz de la Tierra dependían de un secreto que ningún ser humano era capaz de adivinar. Pero un ogro no demasiado listo se lo reveñó a una princesa que tenía pricionera. El secreto era el siguiente: si un hombre podía sumergise en las aguas de un profundo lago y libertar a dos abejas encerradas en un tubo de cristal que había en el fondo, para devolverlas, todos los ogros morirían.
La cautiva princesa, desde un balcón del enorme torreón del castillo, reveló a gritos este secreto a un valeroso caballero. El héroe puso en libertad a las dos abejas y todos los ogros murieron en aquel preciso momento.
Puede ser verdad, pero yo no me fiaría mucho de que no queden ogros sobre la Tierra.

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